Convocatorias que transforman: fortalecer capacidades además de financiar proyectos

por Nicolás Garibaldi

Convocatorias que transforman: fortalecer capacidades además de financiar proyectos

Convocatorias que transforman: fortalecer capacidades además de financiar proyectos 479 479 Alejandro Juancorena

La escena es conocida: se abre una convocatoria, llegan formularios, un comité puntúa propuestas, se anuncian ganadores y empieza la carrera por ejecutar y rendir. El mecanismo puede funcionar perfectamente y, aun así, dejar casi intactas las capacidades del territorio después del último desembolso.

Por eso, al diseñar una convocatoria conviene hacerse una pregunta central:¿qué queremos que quede instalado después? La respuesta cambia el formulario, los criterios de selección, el acompañamiento y hasta la forma de evaluar el éxito del fondo.

Una convocatoria territorial no es solo un canal de transferencia. Bien diseñada, puede ser una herramienta para encontrar actores, conectar capacidades y mejorar la calidad del ecosistema que seguirá trabajando en el mediano y largo plazo.

Primera decisión: mirar a la organización detrás del proyecto

En muchos territorios existen organizaciones sociales, cooperativas, emprendimientos, redes comunitarias y actores productivos con enorme conocimiento situado. Conocen los problemas, tienen legitimidad, llegan donde otros no llegan y muchas veces sostienen respuestas cuando el Estado, el mercado o la cooperación llegan tarde.

Pero también suelen enfrentar límites concretos: baja formalización, dificultades de gestión, poca capacidad administrativa, escaso acceso a financiamiento, problemas de escala, débil articulación o falta de acompañamiento técnico.

Por eso, una buena convocatoria no debería limitarse a elegir buenos proyectos. También debería preguntarse qué capacidades necesita fortalecer para que esos proyectos sobrevivan al ciclo de financiamiento.

Una organización puede ejecutar correctamente una iniciativa y, aun así, no quedar más fuerte. Puede cumplir actividades, rendir fondos y alcanzar metas, pero seguir sin herramientas para planificar, comunicar, medir, administrar, construir alianzas o proyectar una estrategia de largo plazo.

Ahí aparece el cambio de enfoque: financiar iniciativas es importante; fortalecer también a quienes las sostienen es estratégico.

Segunda decisión: no diseñar competencia como único vínculo

Las convocatorias también tienen un efecto menos visible: pueden reforzar la competencia o pueden construir comunidad. En contextos de recursos escasos, muchas organizaciones terminan compitiendo entre sí, trabajando de manera aislada y sin espacios reales de intercambio.

Un diseño territorial más inteligente puede transformar esa dinámica. Puede generar encuentros, mentorías compartidas, redes de aprendizaje, mesas temáticas, alianzas entre proyectos y agendas comunes. En lugar de seleccionar iniciativas dispersas, puede ayudar a construir un ecosistema.

Esto no significa eliminar la competencia ni financiar todo. Significa reconocer que el impacto de una convocatoria no se mide solo por la suma de proyectos aprobados, sino también por la calidad de los vínculos que deja instalados.

Tercera decisión: formularios que se parezcan al territorio

Una dificultad frecuente es que muchas convocatorias siguen organizadas por categorías demasiado rígidas: social, ambiental, productiva, educativa, cultural. Pero en los territorios las cosas no funcionan así.

Un proyecto de empleo puede estar vinculado con educación, salud mental, movilidad, cuidado, conectividad o economía local. Una iniciativa ambiental puede tener efectos productivos, comunitarios y culturales. Una propuesta de inclusión juvenil puede requerir formación, acompañamiento, redes institucionales y oportunidades económicas reales.

Los nuevos enfoques territoriales necesitan formularios, criterios y acompañamientos capaces de mirar, activar y valorar esas conexiones. La innovación aparece justamente cuando una iniciativa cruza dimensiones que antes se pensaban por separado.

Cuarta decisión: acompañar durante la ejecución

Para muchas organizaciones pequeñas, formular un proyecto ya es una barrera de acceso. Administrarlo, comunicarlo, medirlo y sostenerlo puede ser todavía más difícil. Por eso, el acompañamiento técnico no debería ser un accesorio posterior, sino parte central del diseño.

Acompañar no es bajar soluciones. Es ayudar a ordenar prioridades, mejorar modelos de gestión, fortalecer equipos, revisar estrategias, construir indicadores útiles, abrir alianzas y aprender durante el proceso.

Qué debería quedar cuando el fondo termina

La tarea es dejar de pensar las convocatorias como episodios que abren, financian, cierran y desaparecen. Pueden convertirse en herramientas de fortalecimiento territorial si combinan recursos, acompañamiento, articulación y aprendizaje.

El verdadero impacto no ocurre solamente cuando un proyecto ejecuta actividades. Ocurre cuando las organizaciones se fortalecen, los actores se conectan, las redes empiezan a cooperar y el territorio queda mejor preparado para construir sus propias estrategias de desarrollo.

Claves para convocatorias con impacto territorial:

  • Financiar proyectos, pero también capacidades. El fondeo importa, pero el mayor valor aparece cuando las organizaciones quedan más preparadas para gestionar, medir, comunicar y sostener sus iniciativas.
  • Diseñar procesos accesibles. Una convocatoria territorial debe cuidar el lenguaje utilizado en los formularios y los requisitos para no dejar afuera a actores valiosos por barreras técnicas innecesarias.
  • Promover cooperación. Además de seleccionar proyectos, puede conectar organizaciones, gobiernos, empresas, universidades y comunidades alrededor de desafíos compartidos.
  • Integrar dimensiones sociales, productivas y ambientales. Los problemas territoriales rara vez vienen separados; las mejores convocatorias permiten cruces entre agendas que suelen tratarse por separado.
  • Acompañar durante la implementación. La formación, las mentorías y el seguimiento mejoran los proyectos, pero sobre todo fortalecen a quienes los impulsan.
  • Pensar después del cierre. Una buena convocatoria no termina con la rendición: deja redes, aprendizajes y capacidades instaladas para futuras iniciativas.

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