El poder de hacer juntos: ¿Cómo trabajar en una misma dirección, alcanzar resultados superadores y no frustrarse en el intento?

El poder de hacer juntos: ¿Cómo trabajar en una misma dirección, alcanzar resultados superadores y no frustrarse en el intento?

El poder de hacer juntos: ¿Cómo trabajar en una misma dirección, alcanzar resultados superadores y no frustrarse en el intento? 1200 1200 Silvio Dal Buoni

Las Organizaciones de la Sociedad Civil, el Estado y las empresas, vienen constituyendo alianzas desde hace ya mucho tiempo y, cada vez con mayor frecuencia y desde distintos espacios, se destaca la necesidad de trabajar de forma mancomunada para resolver los problemas más importantes de nuestro tiempo Generar redes colaborativas de múltiples actores que además resulten efectivas y sustentables no es tarea sencilla, pero con intencionalidad, cierta rigurosidad metodológica, recursos económicos y técnicos y perseverancia, se puede generar un gran impacto. Casi siempre, las propuestas de articulación logran un alto grado de adhesión inicial.

¿Qué organización, comprometida con el bien común y con el desarrollo sustentable de su país, se opondría a reunirse con otras para luchar contra la pobreza, la exclusión y la desigualdad? Todavía más, ¿se negarían a sumarse si la propuesta tuviera que ver, además, con idear de manera participativa un plan concreto con una serie de objetivos más tangibles, orientados, por ejemplo, mejorar las condiciones de vida e incrementar las oportunidades de los niños y niñas de nuestro país? ¿Y si la propuesta tuviera que ver con trabajar en perspectiva multisectorial y muldisciplinaria en aquellas comunidades más vulnerables y postergadas?

Pocas organizaciones, políticos, funcionarios públicos, universidades, líderes sociales o empresarios comprometidos estarían dispuestas a dejar pasar la oportunidad, de al menos intentar, resolver de manera conjunta algunos de los retos más importantes y de larga data que no hemos sido capaces de resolver en solitario. Sin embargo y lamentablemente, luego del impulso inicial y de los anuncios, pocas veces este tipo de alianzas resultan sostenibles o alcanzan resultados significativos y superadores para la ciudadanía.

Por un lado, algunas iniciativas conjuntas bien intencionadas no impactan, no transforman o no llegan con mayor potencia, a donde se proponen llegar. Por otro lado, los efectos y los resultados alcanzados, no siempre pueden ser identificados ni mucho menos atribuidos, de manera directa, al accionar mancomunado de las organizaciones que conforman las alianzas. Es decir, las iniciativas conjuntas, a veces, alcanzan los mismos resultados que hubieran alcanzado las organizaciones trabajando en solitario (pero realizando un esfuerzo extra de colaboración).

En algunas oportunidades, se generan a partir de un desafío en común, redes de colaboración más simbólicas que operativas que no cuentan ni con las capacidades, ni con los recursos, ni con la legitimidad suficiente para alcanzar resultados de incidencia colectiva, y mucho menos en perspectiva de largo plazo. Asimismo, se diseñan de manera conjunta e incluso con la participación directa de los beneficiarios distintos planes que, sin embargo, pocas veces se implementan.

Sucede también que, en la mayoría de los casos, no existe una organización responsable de sostener y administrar el proceso de gestión asociada y luego de transitar las etapas de diálogo, de conformación de las alianzas y de ideación, prevalecen las lógicas e intereses sectoriales, se diluyen los esfuerzos, se dispersan los recursos y las iniciativas que tal vez si se concretan, pierden conexión con los objetivos de plan original de articulación.

Si bien se ha avanzado mucho en la búsqueda de soluciones conjuntas, los problemas más acuciantes de nuestro país en materia social, económica y ambiental son, en su mayoría los mismos, complejos y fuertemente interconectados. Para afrontarlos, no basta con generar una visión compartida, sumar muchos actores y voluntades detrás de una idea, diseñar un plan común o incrementar los recursos disponibles.

Trabajar con otros es complejo, y cuando los resultados no son positivos se generan frustraciones, por ello, quien sea que asuma la responsabilidad de liderar un proceso de articulación, los propios actores vinculados al mismo y, por supuesto, los destinatarios deben estar dispuestos a trabajar en igualdad de condiciones, a transparentar y a compartir puntos de vista, posiciones e intereses, discutir las estrategias individuales a la luz de los desafíos comunes, identificar espacios concretos donde resulte posible y deseable complementarse, asumir nuevas responsabilidades y, generalmente, invertir más recursos y tiempo en el sostenimiento de la red que se está tejiendo.

De una experiencia de gestión asociada bien diseñada y bien implementada, además de obtenerse un mayor impacto deberían surgir mejores organizaciones, mejores empresas y mejores gobiernos. Para ello, resulta necesario -además de dialogar, sumar o articular, avanzar hacia la implementación de iniciativas concretas, realistas, viables y evaluables de co-creación, co-innovación, co-inversión y sobre todo de co-gestión. Haciendo el esfuerzo de transformar, al mismo tiempo, de manera consciente y planificada, la naturaleza misma de los actores que deciden articularse y sus dinámicas tradicionales de relacionamiento.